La mañana era de un terrible aire pero no de frío, mis primeras impresiones según me adentraba en los vericuetos de  montañas y valles de esta preciosa provincia eran de ir con un cuidado especial por el viento de costado que en ocasiones hacia que  la trasera de la vespa pareciera una vela al viento sin saber a donde aferrarse por sus continuos movimientos al querer salirse de su lógica trayectoria en carretera.
El almuerzo se alargo más de lo previsto con el amigo Hector y su señora, pero cuando uno esta bien y la compañía es especialmente querida las horas se hacen minutos, y si lo ayudas con dos carajillos de ron  pues como que este no se levantaría hasta la hora de la cena, pero ellos trabajaban, y yo que tenía la idea de comer en casa me dispuse a hacer unos kilómetros antes de ese momento, pero en mi eso es difícil de preveer y en vez de salir dirección al puerto del Coll de Vidre y bajar hacia Atzeneta del Maestrat, (eso era lo fácil y mas lógico), me voy dirección  a Mosqueruela, por un camino rural en plena montaña que une los dos pueblecitos. Increíble paisaje cubierto de bosque con el roble valenciano y gran cantidad de especies endémicas. El camino hace poco se asfalto y da gusto ir por estos parajes, la belleza geográfica me hace pensar que la madre naturaleza es sabia y se expande por esta geografía a su antojo para ofrecer fotografías y parajes de ensueño. Me paro, he intento plasmar con mi cámara lo que mis ojos no quisieran olvidar nunca, intento mantener mi corazón, mi mente y lo más importante, mis ojos, abiertos todo el tiempo posible a un universo de momentos que sólo existe en mi, no hay nadie mas a mi alrededor, el viento sopla fuertemente y los árboles, como veleros en un mar embravecido de olas gigantes, no les da tiempo ni a escorarse a la velocidad que viene la ola y todos a la vez se juntan y se separan haciendo mil cabriolas con sus ramas que no ofrecen resistencia al viento de la mañana, y yo desde el puesto de mando como capitán sin barco, aferrado a desconocidos e infinitos horizontes intento asirme a los restos de su naufragio, y… sin embargo... solo se que disfruto viendo y sintiendo la naturaleza, junto con mis sentimientos entrelazados y mis sensaciones de libertad al viento. Voy haciendo kilómetros con mi vespa sin apenas notar el tiempo del reloj, y estoy casi sin darme cuenta en Valdelinares, situado a 1.692 metros el municipio más alto de España, enclavado en plena Sierra de Gúdar (Sistema Ibérico), paso por las pistas de Aramón Valdelinares situada a 7 Km. del pueblo, con poco personal y menos nieve, hago algunas fotos a 2000 metros de altura  y me doy la vuelta. La carretera es revirada y se nota en el asfalto toda la sal que esta carretera recibe cada día por las heladas en esta época del año, llego al cruce de la A-1701 Mosqueruela, a la derecha   Rubielos de Mora a mi izquierda el camino más largo  por el que  me decanto (como siempre).

 

El viento seguía soplando con una fuerza inusitada, eran las 15´30 horas y mi estomago ya me decía que tenia que hacer una parada obligada para darle culto al cuerpo, pero los últimos kilómetros no iba muy fino, el cuerpo me estaba avisando del constipado que padecería unos días después, así que por una vez y sin que sirva de precedente no hice  lo que es habitual en una salida a esta provincia, que es comer como los propios Ángeles en esta bendita tierra de caracteres y sensaciones del pasado, por que circular por el interior de la provincia de Teruel es ver los espléndidos parajes de la Sierra de Albarracín y los Montes Universales. A su atractivo entorno natural hay que añadir el interés de sus ciudades con un importante patrimonio cultural, monumental e histórico es discurrir por vías y zonas abiertas, trincheras, túneles, viaductos y carreteras casi sin tráfico, sus pueblos son como recuerdos de postales con Iglesias medievales como Linares de Mora que visto desde el alto del puerto de Linares parece un pueblecito de esos belenes que todos hemos querido tener, pequeña localidad de la Sierra de Gúdar, situada a 1.311 metros de altitud sobre el nivel del mar. Una villa fortificada que se halla enclavada en el valle del río Linares, inmersa en un grandioso paraje, de abruptos desniveles. La villa se alza sobre una roca, gozando de una extraordinaria cantidad de vistas. En el alto de la peña, están los restos del castillo, inmediatamente a sus pies se sitúa la Iglesia barroca, con la peculiaridad de que el campanario se encuentra separado del templo. La población desciende por dos laderas en forma de "ele". El entorno se caracteriza por la abundancia de pinares y manantiales, destacando por su tamaño el famoso "Pino del Escobón".Hice muchísimas fotos a esta maravilla de pueblecito, me tome una infusión que mi cuerpo no agradeció mucho y después de retener en mi cabeza todo lo que pude de esta maravilla y una vez el deposito a tope de combustible me dispuse a hacer los últimos 140 kilómetros.
El paisaje es espectacular, el viento sigue azotando fuertemente la vespa, pero poco a poco pasan los kilómetros y dejo el último pueblo de Teruel a mi espalda Fuentes de Rubielos y como una alfombra veo su extenso pinar en sus alrededores, y entro a la provincia de Castellón por Cortes de Arenoso ya en el Alto Mijares, si los paisaje de donde vengo eran espectaculares este no se queda a tras, formaciones de pinos y rebollares se perdían en la inmensidad del paisaje, ya a estas horas anocheciendo, la temperatura bajando por momentos y mi cuerpo recordándome que no estaba del todo bien, dejo a tras Montanejos, Toga, Fanzara, Onda, y ya en la plana me dirijo a toda prisa a casita, es noche cerrada, la temperatura es fría, apenas 8 grados marca el reloj digital de la vespa, y los recuerdos de sentidos sentimientos del día intento memorizarlos mas si cabe para poder  escribiros estas sensaciones que una simple vespa me hace sentir, y que espero los recibáis con las mismas sensaciones de libertad que yo los deseo explicar. Ser felices
En casa sin novedad
Manuel M. (MAMU_56)

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