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Hacía mucho tiempo que las quedadas y concentraciones de motos, Vespas y similares pasaron a mejor vida con esta lacra de la maldita pandemia, pero poco a poco vamos viendo que el sol empieza a salir entre nubes y soles de nuevos tiempos,  y vidas a costa de muchas que se fueron entre la desazón, la sinrazón y el desamparo de lo nunca comprendido, marcaron corazones vidas y sentimientos más allá de todo nuestro entendimiento, nosotros debemos ser los pregoneros para esas nuevas generaciones de lo ocurrido en un tiempo convulso y de mil preguntas que nunca tendremos respuestas, que lo ocurrido sirva para que esta humanidad que se pierde como agua entre dedos nos haga reflexionar.
Porque la vida es tan bonita, tan intensamente maravillosa, que no nos damos cuenta de ello hasta que nuestro cuerpo nos dice que simplemente somos unos seres imperfectos  e increíblemente pequeñitos,  que una simple flor es más feliz en su corta existencia que nosotros con muchos años por delante, y os preguntareis porque esta simple y llana reflexión...por eso si me permitís quiero contaros una historia tan real como esa flor de la cual, esta XI subida a la  Covatilla es protagonista.

Un servidor tenía todo preparado el lunes  24 de Enero de 2022, la Madrileña cargada y lista para partir  tres días después hacia salamanca haciendo un recorrido por provincias antes de llegar a Salamanca, pero Dios me tenía el guion cambiado, la noche del 25 note que el cuerpo me daba señales de que algo no funcionaba bien, eran las tres de la mañana, y como ya conocía de alguna vez mas estas señales vitales, aunque estas eran más enérgicas,  procure con la "tranquilidad" que te da la situación, gestionar el tiempo que tenía hasta llegar al hospital (estaba solo en casa),  me puse la Cafinitrina  debajo la lengua para que me ayudará a llegar al "taller" una vez mas y ...¡¡bueno¡¡ los galenos hicieron su trabajo , mi cardiolo, ya amigo Fernando durante muchos años, hizo su trabajo como siempre perfecto, muchas pruebas después y algún que otro fino trabajo de taller, me devolvieron de nuevo a poner en situación, aunque pasaran algunos días para que este carburador restaurado tantas veces y con tantas tiritas puestas esté listo para hacer nuevos kilómetros.
Pero a la Covatilla tenía el deber y la responsabilidad de ir después de que  el VESPA CLUB Salamanca me nombrara Covatillero de honor, por supuesto que fue con el permiso y beneplácito de mi cardiólogo y amigo Fernando, solo me dijo que me tengo que cuidar y que tengo prohibido el conducir dúrate mes y medio, pero estando Isabelita eso no es problema, ella y su música puesta en el reproductor puede hacer miles de kilómetros sin pestañear, así que de esta guisa nos plantamos en Salamanca el viernes noche, directos al hotel y descansar después de cenar.
El siguiente día quedamos en el parking de la estación de tren Vialia, los más madrugadores ya estaban por allí, los canarios/as con mas frio que vergüenza jejej, poco a poco fuimos formando el grupo, (bueno ellos con las Vespas, nosotros enlatados) y a las 9´00 horas como un clavo partimos dirección a Bejar, Guijuelo, Valdelacasa , Perodomingo lugar de salida y regreso hasta la Covatilla.
Ya en Perodomingo  en plena sierra de Bejar, y  perteneciente a las Mancomunidades Embalse de Béjar y entresierras, fue el lugar del cuartel general donde nos dieron los dorsales y comenzamos a saludar a los amigos de años por estos andurriales, las fotos de rigor y las siempre historias que nos contamos, el ir enlatado es totalmente diferente  a cuando vas con la Madrileña, te sientes como si fueras desnudo, desubicado fuera de lugar, pero contento y feliz de poder oler ese humo vendito de los dos tiempos, el día "atípico de sol" acompañaba  sobre medida a que el evento  luciera muchísimo más, la organización se afanaba para que todo saliera bien Rubén parecía un cohete de un lado a otro y siempre pendiente de todo aquello que fuere necesario.
Salimos hacia nuestro destino que no era otro que la sierra de Bejar  y la 
Estación de esquí Sierra de Béjar La Covatilla, los encéntrales caminos por donde  circulábamos eran increíblemente bellos, los canchos en las dehesas parecían enclaves de planetas imaginarios, los animales retozaban con las primeras horas de la mañana fresca y limpia como patena del señor cura, y el aire puro de la salamanca interior entraba dentro de los pulmones como vitamina celestial.  
Dejamos Bejar y enfilamos la carretera N.630A, hasta el cruce de la SA-100 que nos llevaría directamente  por la siempre sinuosa y serpenteante  pendiente hasta nuestro objetivo que no es otro que la estación de esquí  ocupando en su parte alta la Sierra del Chorrito, prolongación natural de la Cuerda del Calvitero, perteneciente a la Sierra de Candelario (Sierra de Bejar). El Canchal Negro y Peña Negra, forman los extremos del lado superior del triángulo generado por la disposición de la estación de la Covatilla.
Hoy la nieve brillaba por su ausencia, aunque si había una poquita hecha por los cañones de nieve para que el personal se desfogara e hicieran los niños sus juegos, nosotros nos dirigimos a tomarnos el famoso caldo caliente que cada año nos tienen preparado aunque este año creo que el premio se lo llevo el ímplico Tomas Riola junto con el club Tierra de Barros por su manjar de la extrema y dura que siempre llevan allá donde vallan, con un queso comida de Dioses y el choricito de campeonato del mundo, que ¡¡barbaridad mis paisanos¡¡ .Disfrutamos de la compañía de todos con todos y mientras,  la canaria Yurema
buscando la blanca nieve como polluelo sin nido, mientras la mañana pasaba sin remedio y como la rápida  respiración en un esfuerzo coordinado para disfrutar del momento mágico de sentir cada instante el abrazo amigo.
  Y desandamos nuestros pasos otra vez camino a  Perodomingo para comer a pleno sol con un día hecho para soñar, y sentir la vespa y la lambretta con sus destellos de rayos en sus chasis con gama de colores como  trajes de luces de toreros buenos, donde iban desde el blanco y negro, rojo, verdes y azules en mil tonalidades, hasta el grana y oro, se diluían entre rayos de sol de la salamanca campera. 
Mientras nosotros  dábamos buena cuenta del buen ágape ofrecido por nuestros anfitriones, donde a los postres fue el amigo Rubén quien empezó la ceremonia de los reconocimientos, y ahí me toco ser el primero en salir entre emocionado y mil veces agradecido, por ese reconocimiento que a bien me habéis ofrecido.

Desde estas letras quiero dejar constancia que mi mejor reconocimiento es el haber estado este increíble día con vosotros, ese aplauso sentido y querido de tanto amigo junto estará por siempre en el fondo de mi ser después de una semana increíblemente complicada a nivel personal.
Desde aquí también quiero hacer extensible mi agradecimiento a todo el Vespa Club Salamanca por su esfuerzo, constancia  y trabajo para que no nos faltara nada en este último fin de semana en tierras charras...Gracias
En casa sin novedad
Ser felices
Manuel Martin (MAMU_56)
   

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