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Comenzar a buscar letras para poder haceros ver, sentir y disfrutar lo que yo vivo cada vez que me subo a la vespa, es como aterrizar  encima de un montón de grises nubes con un miura entre las piernas, difícil, no¡ imposible¡, seguramente¡ el  reto me parece interesante y estresante cada vez que me pongo a ello sobre el papel, porque cada reto que hago con mis motos, y con la vespa en general, son como desafíos a la desinstitucionalización de la locura, pero sobretodo es apoyo vital para mi mismo, es como retar o desafiar al destino más lejos que una puesta de sol en día de lluvia. Por que cuando llegue más allá de la existencia solo quedaran como meros testigos estos borradores de un pobre busca letras enamorado de romper sus propias barreras, sin compararme a nada ni nadie, porque en una ocasión hace muchos años ya, un hombre "de pueblo" me dijo... no es comparándote ni sintiéndote mal que vas a fortalecer eventualmente tus debilidades...y ahí me ganó, y me dio una de mis grandes lecciones de vida, por eso cuando me embarco en un proyecto sea cual sea, leo, escucho, veo y aprendo de los que anteriormente lo hicieron, con la envidia sana de por lo menos llegar a cumplir mi proyecto, mi fantasía que podría ser una quimera, pero nunca un engaño a mi yo.
Esta vuelta a la provincia de Valencia en solitario, como tantos otros proyectos que tengo en mente, nació en mi imaginación hace mucho tiempo, pero Dios quiso que fuera este pasado martes cuando me embarcara en un "Dormir en un mar de estrellas", novela de ciencia ficción de Christopher Paolini, tal vez por la situación por la que atravesamos o tal vez porque he  pasado por pueblecitos donde más bien parecían espacios vacíos en la historia, es por lo que me acorde de este libro, sus formas parecen desafiar la gravedad de un equilibrio sin humanos para sostener sus olores y colores de antaño, sus chimeneas humeantes gritan que todavía existe vida entre sus muros, pero por las calles no vi niños jugando a la pelota, ni corriendo detrás de gatos de colores y perros en blanco y negro. Los viejos sentados al último rallo de sol desaparecieron seguramente buscando ese calor amigo del brasero y mesita con su "saya" de pana, por que las reuniones para jugar al "tute", mus, o la cuatrola se perdieron en la puerta cerrada del bar de toda la vida...porque la vida continua, aunque cada vez nos miramos mas de reojo y menos a los ojos, menos mal que la naturaleza nos da esperanzas de vida a cada metro que pisamos por tierras cubiertas de mil nieves como nos regalo Filomena en el norte de la provincia de Valencia por donde tuve el gusto de pasar el martes ¡eso si¡, con cuidadin por que en tramos estaba realmente peligrosa en sus hombrías de estrecha carretera, sobre todo en las estribaciones de la peña de Dios, alto de la Montalbana y Mataparda, la bajada se tuvo que hacer con mimos en el acelerador y frenos de amigos, conducción suave y mil sentidos que diría el abuelete sabedor de mil batallas  en el frente de la vida.
 El pantano de Benageber estaba precioso con esas aguas siempre 
de misterioso azul turquesa, dejando atrás por momentos esas montañas nos íbamos adentrando en la comarca de los Serranos por Tuejar donde los montes de Tuéjar forman parte de las estribaciones secundarias de la cordillera Ibérica, una autentica delicia para los sentidos el disfrutar de tanta belleza con sus mantos de nieve salpicados de verde pino acompañados de  encinas y  carrascas.
Antes de llegar a Cofrentes, en una curva a derechas y bajando está la parada habitual en mí para beber agua y hacer un pequeño estiramiento en la fuente La Chirrichana, hace muchos años que la conozco y siempre te regala su agua  fría, limpia y pura, luego todo bajada hasta ver dos grandes chimeneas humeantes de la central nuclear como si fueran las puertas del infierno, dejamos atrás buena parte del recorrido y pasamos por  Ayora nos llevaría por la  N-330 a Almansa, aquí no tuve más remedio que parar al alto de la Benemérita, a los cuales les explique el caso del "descuido", y con sus sabios consejos  salí echando chispas para Fontanares ya en la provincia del Reino de Valencia por la N-340 dirigiéndome a Oliva y de allí a Gandía para charlar un ratillo con el amigo Víctor, hacernos las fotos de rigor, que hacía mucho tiempo no nos veíamos, como siempre servicial y atento, buena gente ¡¡che¡¡, a ver si podemos almorzar como hace algún año ya jejej. 
Y  desde Gandia a Cullera, pueblo que siempre me gusta cruzar por su puente de hierro, y la carretera del faro que va junto al mar es una autentica delicia para los sentidos y mas con poco personal como había cuando pase camino la Albufera donde me pare poniéndose el sol  para ver y retener las tonalidades  del cielo en las aguas en la caída del sol en el lago son una explosión de belleza natural caída de otros mundos, con tonalidades  entre Juncos, cañas y tonos rojizos, una cosa no me gusto y fue la barbaridad de gente joven con sus litronas en los embarcaderos sin medidas de seguridad y la mayoría sin mascarilla, así que ni pare en ese lugar para hacer fotos.
Ya fue un paseo militar llegar hasta casa, me quedaban apenas cien kilómetros para saborear este día, de sentir la vida en vespa, de respirar el aire de montaña, naranjos, pinos y mar, de ser feliz con tan poca cosa como es ir en una vespa, y ver a tu alrededor sensaciones que las puedes sentir como si las acabaras de descubrir por primera vez, algunas personas me preguntan el porqué de ir en solitario los grandes viajes, y siempre les digo lo mismo, me gusta la soledad del pensar encima de algo que no corre pero siempre llega, de una vespa que todo el mundo tuvo, otros tienen, otros quieren, y hasta algunos desean.
He hecho grandes viajes en solitario, y otros con grandes rodadores, no quiero nombrar alguno porque son  demasiado buenos para dejarme alguno, y los quiero demasiado, pero la sensación de rodar en la soledad de los silencios del viento, de esos olores con colores que te invaden por momentos, de esas aguas que te caen y no te mojan como bendecidas desde el cielo, eso es la felicidad por momentos, esa es mi felicidad del rodar, y cuando llego me santiguo, doy gracias a Dios por haberme traído de nuevo a casa, y un beso a mi compañero, ya mi familia en los viajes, Topo Gigio, porque no es ninguna mascota, mirándole cuando tengo algún problema se lo que tengo que hacer, ¡llevamos tantos años juntos¡.
Como siempre dar mil gracias por estar siempre ahí, pendiente de mi en todo momento a Isabelita y a mi hijo Manuel.
En casa sin novedad
Ser felices
Manuel Martín  (MAMU_56)

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