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Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Quisiera  que mis letras hoy, estuvieran compuestas por veinte historias de cuatro días y una canción a la amistad inolvidable, pero a acepción del guion original y de su autor el maestro Neruda, ya me gustaría a mí tener la milésima parte de su clase literaria para poder encontrar las letras que os pueda contar y que con ello pudierais ver la aventura compuesta en historias como partitura de orquesta para no desafinar en mi relato de la VESPIRENA EXTREME 2018.
 Una aventura que un día cualquiera, alguien, en un mes cualquiera, "seguramente" sentado en el sillín de una vespa, y mirando al infinito de una ralla blanca en medio de la nada del viento, con rayos de sol que se escondían vergonzosos y tímidamente por un infinito  montañoso de intensos colores anaranjados,  pensó que  se podrían hacer unos kilómetros de forma diferente  por los pirineos Franceses y Españoles con unos viejos cacharros llamados Vespas,  unos cuantos amigos curtidos en mil batallas contra el tiempo, la climatología, las averías y los mil y un imprevisto que una sin razón así  te puede sorprender sin apenas un suspiro, ¡supongo¡  que lo consultaría con esos pensamientos que solo la soledad de tu casco y tu conocéis, supongo también que no sería difícil  convencer a esos "otros"  en el misterio del tiempo con sus monturas siempre dispuestas  y listas para  respirar  tan cerca del cielo como nube errante reflejada en el infinito universo azul del mar.
 Y la idea se hizo realidad...como el verbo en la biblia, o el famoso anuncio,  yo he visto cosas que vosotros no creeríais...y a fe que así fue.

Por eso el día 31 de Mayo, junto al amigo Cesar nos dispusimos  a juntarnos en Segorbe ciudad histórica para intentar, también desde ella tener un punto de referencia en nuestro reto (no tan grande como su historia) pero si para la nuestra personal con nuestras Vespas allende otras tierras ya conquistadas y vistas muchas veces, pero siempre distintas,  siempre bellas y a la vez inhóspitas entre brumas  de mil mañanas.
Navarra  dicen que es un pequeño stand que la naturaleza nos ha regalado para deleitarnos con su maravillosa diversidad, pero navarra es mucho mas, porque al adentrarnos en su corazón palpitante convertido en frondosa montaña verde y reluciente, con olores penetrantes, inmensos bosques como la selva de Irati, las Bardenas Reales (algún compañero de grupo las recordara  para siempre por ese avión a reacción volando bajito como nuestras vespas) el alto de Ibañetas, ¡cuántas horas¡ habremos paseado  con una Montesa H7 por esos lugares de brujas como las de Zugarramurdi, bajando hasta  Roncesvalles,  Y un camino... el de Santiago, donde la fe se siente y se respira al mirar al pelegrino errante de mil pasos. Volví como hijo prodigo a ver  Orbaizeta y las ruinas de su fábrica de armas, ya durmiendo entre historias del nunca jamás y que tantos recuerdos me traen a mis pensamientos ya viejos por el pasar de los años, como sus muros caídos por vientos,  lluvias y nieves como adelfos adheridos a plantas sin fin. Cada  metro de esas tierras eran como si mi corazón restaurado latiera al ir y venir y en cada lugar que mis ojos ponían sus recuerdos mi piel se erizaba, mi nariz como sabueso que busca, retenía olores de mi juventud nunca olvidados, y mis dedos alguna que otra vez querían tocar ramas  de árboles del nunca jamás, pero siempre amada.
Recuerdo esas tinieblas del amanecer entre arboles y brumas dibujando siluetas imposibles, y entre tanto los rayos del sol luchando entre sí intentando  penetrar hasta el camino imposible de la claridad mientras nosotros y nuestras Vespas parecíamos marionetas movidas por hilos hacia la libertad que la luz da.
Y a fe que así fue,  adentrándonos por la serpenteante y dura carretera hasta Irati, a nuestro lado una frondosa alfombra verde de pastos que se perdía entre la inmensidad del bosque, los animales que pastaban ajenos  a todo lo que no sea paz nos miraban con curiosidad e ingenuidad, y ya encaminándonos para cruzar el puerto de Larrau y hacer una parada para almorzar.
Era la primera que íbamos hacer de muchas más estos días y era la primera para conocernos mejor el grupo en profundidad, aunque no hace falta decir que eso no hacía falta cuando un grupo se une para hacer realidad un sueño.
No quisiera aburriros al contaros los cuatro días que estuvimos juntos porque me llamaríais pesado y seria el adjetivo más normal, pero lo que si quisiera significar que el grupo fue mi familia, que lo sentí de esta forma tan normal como de cariño infinito.
Nos llovió lo que a Noé le falto por llover en la biblia, subimos y bajamos puertos increíbles, vimos paisajes nunca jamás escritos, sentimos la felicidad y el calor amigo, por supuesto que tuvimos dificultades, pero todas se solucionaron  con el calor y el buen hacer del grupo amigo, por supuesto que comimos y bebimos como debía ser, reímos y a Dios gracias no lloramos y si alguno lo hizo seguramente fue de emoción y felicidad debajo de su casco (reconozco que soy débil).
Como podréis a ver observado no puse nada más que el nombre de Cesar, en estas letras  mi acompañante de trayecto hasta Pamplona y vuelta a casa, pero su nombre no se me puede olvidar por que nos conocemos algunos años ya, y sería injusto por mi parte dejar de nombrar a algún compañero amigo de esta aventura por mi mala memoria, porque todos para mi fuisteis increíblemente una bendición del cielo, mi familia, mi ilusión de esos días maravillosos que junto a todos vosotros disfrute, saber que en mi corazón ya cansado por el paso del tiempo tenéis vuestro huequecito particular cada uno, saber también que me hicisteis inmensamente feliz el reír con vosotros , el disfrutar con vosotros, el soñar con la juventud que tenéis, que Dios os de siempre la salud y la felicidad que os merecéis, y si necesitáis un abrazo siempre estaré aquí, estéis donde estéis, para mi Madrileña y para mí no habrá distancia que se interponga para dáoslo.   
Ser Felices
En casa sin novedad
Manuel Martin (MAMU_56)

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