Era como ya os he dicho el  domingo de Pascua de Resurrección (día de comerse la mona en la comunidad Valenciana), y estaba dispuesto este día hacer unos kilómetros con la madrileña, no tenía un lugar fijo en mi mente donde ir, pero ya al salir de casa y coger la carretera para empezar el camino me encontré con la procesión del pueblo en plena calle, así que tuve que cambiar el rumbo hacia ninguna otra parte, y lo hice, por lo tanto fue el primer cambio, (seria cosas del destino), por momentos no me daba cuenta real por donde iba, solo dejaba ir a la madrileña y   estoy circulando por la carretera de San Mateo, ¡¡bueno¡¡, pues seguimos y mientras analizo, me doy  cuenta que la madrileña  va perfecta con algúnos de los cambio de carburación y cilindro que le hice después del último viaje de 2800 kilómetros por media España para que fuera más rutera y suave su conducción, la velocidad de crucero es perfecta tanto en largas rectas o cuando la carretera tiende a tener subidas de consideración, el día es perfecto y sin aire y con sol da gusto hacer kilómetros, y mientras alguna que otra foto en marcha, estoy haciéndome un verdadero experto en enfocar solo con la intuición del dedo, sin mirar por el visor, aunque en muchísimas me paro, "creo" que aprendí la lección con algunos sustos de otras épocas.
Pasamos San Mateo y dejamos a lo lejos en lo alto de la montaña la Ermita de la Virgen de los Ángeles donde en días claros se divisa el valle del Ángel y hasta los montes de Tortosa, dejamos atrás San Rafael del Riu y llegamos hasta el viejo campo de aviación de la Senia (ya lo he nombrado varias veces en mis letras) y nos adentramos en  Els Ports, pasamos por  el Moli l'Abad  en la Tinença de Benifassa, a partir de aquí entramos en carretera estrecha y sinuosa con mucho bache, transito y mucho dominguero andando por los no arcenes, seguramente por el día que estamos, pero poco a poco nos vamos adentrando en plena montaña y casi en pleno corazón de Els Ports, desde la lejania veo el Monasterio de Santa María de Benifassa, también llamado cartuja de Santa María, edificio gótico construido en el siglo XIII, majestuoso e impenetrable, tiene un corredor hasta llegar a la puerta principal plagado de abetos que dan una sensación de recogimiento, digo esto porque en las ocasiones que he pasado por aquí nunca he visto ni una puerta abierta, y si quieres visitarlo solo se puede la iglesia los jueves de 13 a 15 horas (según reza un cartel hecho de forja cerca de la puerta), no sé por qué será la razón de tanto secretismo,  pero creo que es un mundo impenetrable, de penitencia en soledad, y de recogimiento espiritual, donde el trinar de pájaros debe retumbar como gotas de agua  sobre tejado de cinz.  
Doy la vuelta y vuelvo sobre lo andado pero esta vez en vez de girar hacia la izquierda lo hago al contario y me encamino hacia Fredes, era la segunda vez que visitaba , pueblecito que solamente tiene 12  habitantes censados, pero que este domingo seguro que estaban multiplicados por 100, por la cantidad de coche y gentío que en él se movían, mas parecía Madrid en la plaza de sol en pleno día de navidad, quería comer pero me agobie con tanto personal, tenía que estar prohibido en esta obra de la naturaleza tanto personal junto sin respetar el entorno tan exclusivo como es este, coches dentro del prado, niños y no tan niños rompiendo ramas de algún  pino (no se para que) , papeles por doquier, colillas de tabaco y un sinfín de barbaridades que vi en poco tiempo y me quise marchar por donde había venido, cuando vi que de un camino salía un coche y dos motos de gran cilindrada que se pararon para comentar alguna cosa, me acerque a ellos y les pregunte hasta donde llegaba el camino y si ellos lo habían recorrido, pues me di cuenta que las ruedas estaban llenas de polvo y algo de barro en sus guardabarros, (defecto de un terrenero de muchos años como yo) y me comentaron que este camino llegaba hasta la cima del Caro y Tortosa sobre 43 kilómetros de camino montañoso sin asfaltar ¡¡que me dijeron¡¡ no me lo pensé, aunque me advirtieron, ojo que hay trozos en muy mal estado, pensé que si ellos habían pasado mi madrileña también pasaba.  
Y me adentre en pleno corazón salvaje dels Port, la sierras de Cardó y Boix hasta llegar al mirador del Portell a mas de 1000 metros de altitud donde en días claros se pueden apreciar las cumbres del pirineo catalán y Mallorca mar a dentro, hasta  bajar a nivel del mar, pero hasta llegar a este lugar, te adentras en un mundo del lenguaje del inconsciente a través de un camino de luces y sombras, de cambios de clima que por momentos no comprendes, mientras el camino se va cerrando por encima tuyo y no entiendes como los rayos del sol pueden penetrar tanta vegetación, dejamos atrás el refugio de la Fon de Ferrera, las  ramas entrecruzándose pareciendo bailar danzas ancestrales al ritmo del tiempo como si te quisieran proteger de algo que ni tú mismo sospechas, y poco a poco te sumerges en este asombroso mundo de mil tonalidades verdes y olores penetrantes cómo demonios que te quieren robar el alma con sonidos de vientos y arroyos de agua cristalina con músicas de mil flautas de pan, mientras la madrileña se va acoplando como guante de seda a las vicisitudes del camino como juego de supervivencia dentro de un lugar no hecho para ella, y la vespa se mimetiza como camaleón  en mil colores y sonidos de un motor que parece conectado a mi corazón restaurado que por momentos se alborota y en ocasiones se ralentiza con la visión de lo que la naturaleza nos regala, y la maquina y el hombre se funden en un tándem de emociones más lejos que el pensar  que las instrucciones de uso de la maquina se hicieron conjuntas para que las energías fluyan entre estrellas y emociones mil, y salieran de entre las madrigueras de mil árboles que nos miran como si las hormigas fueran el alma de la montaña de picos dentados y afilados mirando el cielo azul  como ventanas abiertas que ya poco a poco se alzan sobre las nubes que anuncian las llanuras del Delta ,hemos dejado atrás la Cova Avellanes y el Mascar...  a lo lejos un zorro  creo ver como reclamando su mundo de paz, mirándome como si nos conociéramos de siglos pasados, inmóvil, desafiante, altivo en su mundo, orgulloso y sentado sobre sus patas traseras, cuello estirado,  como militar en posición de descanso, sin miedo pero atento y orgulloso de su porte varonil.
Ya no lo veo, pero ni se movió, así  creo yo quiso  plasmar su completa superioridad sobre mí, sobre el mundo que le amenaza y le rodea cada fin de semana con incautos como yo, cerca, muy cerca las primeras urbanizaciones que el gentío de nuevo colapsa, Ya termino el camino de tierra y estoy en la cima del Caro, y suspiro, donde la increíble vista me deja boquiabierto, descanso de tanto traqueteo durante kilómetros de tierra piedras y barro, pero con una paz infinita, aunque confieso que en alguna ocasión pensé que aquel camino no tenia salida .
De los quilómetros hacia casa ya no tienen historia, la carretera y sus kilómetros, y yo mientras reviviendo cada metro de un camino que recordare siempre por su dificultad  en saber hasta dónde llegaba, como la vida misma....Fue el camino más corto que separaba al sueño de la realidad ausente.

En casa sin novedad

Ser felices
Manuel M. (MAMU_56)

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