Necesito un viaje a  la eternidad, pero “no sé donde”  y como últimamente cada individuo que tiene una vespa  busca un reto diferente y una notoriedad  de la que yo siempre huyo  (el mío seria ir al infinito con mi madrileña) voy a intentar contaros mis pensamientos para que os hagáis una idea de lo que busco.
 Una noche de madrugada cuando los sueños no aparecían,  la curiosidad de los dedos buscaban el viento de las teclas en el teclado, vi un bloc por casualidad de un montañero llamado  www.maskarell.org, y me sorprendio una frase que decia..

 ¿Hemos vencido a un enemigo? A ninguno, excepto a nosotros mismos. ¿Hemos ganado un reino? No, y no obstante sí. Hemos logrado una satisfacción completa, hemos materializado un objetivo.
Luchar y comprender, nunca el uno sin el otro, ésta es la ley. George Mallory.

Comprendí que podía hacer este viaje en honor suyo y para satisfacción mía, buscándome allá donde se que  me podría encontrar, ver,  o simplemente saludarme desde lejos… hace tanto tiempo que no me veo, ni me  hablo, que necesito volar bajito con mi Madrileña querida, y que mejor que ir cerca del cielo, o  a cada una de las cumbre más altas de cada provincia Española, y llamarme desde cada una de ellas en voz bajita y sentimientos de alma grande, con ojos de ver cumbres y sentimientos vestidos de nubes, bajo párpados tristes,  dedos insensibles al acariciar le levedad del pensamiento robado de un ser perdido y el eco como alma errante saludándome escondido en la eternidad del infinito monte… paisaje para volar desde allí una mirada al universo verde en la cima del Infinito y la eternidad de nubes transportadas de mil lugares de quereres mil.

Los valles desde esas cumbre serán como pequeños jardines de mil colores vistos con deseos diferentes de días sin conocerse en amaneceres visto a ojos con alas de pájaro errante, como yo buscándome envuelto entre la sábana de espuma blanca de nube amiga. 

Y yo pertrechado en mis recuerdos agazapados detrás de la visera de mi madrileña desde lo alto de mil cimas buscándome detrás de cada una de ellas y  me encuentro con que cada paisaje me recuerda a esa persona que alguna vez llame en días de extraña tristeza, de melancolías mil y de lagrimas perdidas en silencios de rincones rotos.

Cuantas veces recorrí  los caminos; algunos solos, otros acompañados, pero siempre sintiendo los latidos de mi viejo y maltrecho corazón y el sonido del motor de mi Madrileña, una vespa  que rescate después de tener un brutal  golpe con su primer propietario, en esos momentos no sabia las satisfacciones que ella me daría, sentimientos, olores, colores y miles de kilómetros más de cien mil, muchos más lleva ya en su cuerpo de vespa…mi amiga la vespa.

Una noche de madrugada cuando los sueños no aparecen,  la curiosidad de los dedos buscan el viento de las teclas…

Ser felices

Manuel M  (MAMU_56)

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