Nosotros las vivimos y las sentimos como si el tiempo se detuviese y volviéramos a aquellos años donde la edad no era un problema, ni los achaques del cuerpo, ni el calor, ni el frío, solo la ilusión de nuestras viejas monturas de entonces.
La mañana comenzó con una salida al sprint por mi parte, pues la rotonda donde que quede para unirme al grupo este paso como una “exhalación” con Gregorio a la cabeza marcando el ritmo con su vieja Sangla 400, detrás juanito con su Yamaha 250 sr y el resto del grupo, mientras que Isabel hace las primeras fotos, nos ponemos los cascos, los guantes y en orden de marcha se nos marcharon unos kilómetros.
Nos unimos al grupo en las proximidades de Les Useres en plena comarca de l'Alcalatén y ya entre barrancos y montañas con una naturaleza contundente, belleza de fuerte verde con casas abandonadas en perdidos lugares.
El grupo se estiraba y serpenteaba como el movimiento sigiloso de una serpiente de mil colores, entre verdes y rojos de amapolas en un lado y otro de la carretera, el olor a aceite quemado se entremezclaba fundiéndolo como un cóctel donde las papilas olfativas se rinden a tanto olor a mil sensaciones diferentes.
Dejamos atrás Atzaneta, La Torre, Cati y en la Vallivana, mas concretamente en el Santuario de la Virgen de Vallivana, tenemos nuestra parada para almorzar, los bocatas y las bebidas están preparadas, y nosotros hacemos buen uso de ellos por que el estomago a estas horas ya avisaba de vez en cuando que necesitaba alimento, el precioso entorno de los Montes de Vallivana daban un colorido perfecto para la relajación y el compañerismo, que con el bocata dentro se hacen las conversaciones mas amenas.
Una vez tomado el café de rigor que esta vez el encargado de la logística Manolo no llevo, por que en el Santuario tenemos un barecillo como sacado de una película de Alfredo lada, de aquellos de los años 50 un bar auténtico, como sacado deun saco de cuarenta años: tiene unas mesas corridas formadas por losa de piedra, puertas altas de madera y cristal, una chimenea al fondo, para los fríos inviernos de estos lares.

A partir de aquí comienza la ascensión al transitado puerto de Querol, Subida, en la N-232. la carretera va subiendo desde bastantes kilómetros antes, se encuentra en muy buen estado en su inicio, ancha y tramos con doble carril de subida, pero al llegar al barranco de la bota, se estrecha y el asfalto empeora, trazando la carretera bastantes curvas de herradura. Paisaje bonito por donde se mire, el relieve abrupto y montañoso de la comarca de los Puertos de Morella atravesando barrancos, bosques de pinos, carrascas, robles, y un sinfín de paisajes que siembran el camino hasta la llegada a Morella donde tendríamos la primera parada para repostar.
Desde la gasolinera, la ciudad parece como colgada en el tiempo, hace muchos años que miro esta misma imagen cada vez que llego a este punto, y toda vía no he aprendido la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, o ver y comprender, o simplemente recordar, que difícil es explicar la belleza colgada desde el cielo, o solo ver desde el suelo las nubes como se disipan sin soplar,

Morella la veo desde mi mundo interior como doncella que no se deja abrazar por errantes transeúntes en el tiempo.
Yo a Morella la siento como a un soneto de Pablo Neruda.

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Y dejamos tanta belleza sumida en la historia, y Forcall, La Tolodella  y Oloccau del Rey serian los pueblecitos que dejaríamos detrás hasta llegar a Tronchon en el Maestrazgo Aragonés, curioso pueblo, donde lo que mas me llama la atención son los soportales de la pequeña plaza de piedra, y en ella la ventana que tiene el reloj de la torre de la iglesia que hace años no funciona, unos dicen que es rotura, yo creo que solo es un echo de la madre fortuna para que por ella pasen las errantes almas de amantes que deambulan por el tiempo pasado y puedan juntos orar con sus manos entrelazadas y mirarse a los ojos dentro de la vieja iglesia.
Aquí en este curioso y bonito pueblo seria la copiosa comida nunca mejor dicho que casa Matilde nos ofreció, solo tenéis que ver las fotos que acompañan este reportaje, por que dicen que una imagen vale mil palabras, yo no puedo describir dicho ágape, necesitaría veinte folios., y si no preguntárselo a mi amigo Jose”derbi”, se puso hasta donde el estomago tiene la frontera del no retorno, ¡¡por Dios¡¡ como disfruta con una buena comida.
Después nuestra vuelta a casa fue tranquila y recordando todo lo vivido y sentido durante este fenomenal día de compañerismo en torno a una afición como es la moto clásica.
Desde aquí felicitar quiero a aquellos compañeros del Club Moto Clásica Castellón que trabajaron para que nosotros disfrutáramos de un día especial como fue el sabado.

No quiero extenderme mas en mi paseo de ayer por la provincia de Castellón, solo deciros a todos los que no conozcáis esta bendita tierra, que no os la perdáis, visitarla, disfrutarla, vivirla, conocerla, por que os aseguro que no os arrepentiréis.

Ser felices
En casa sin novedad
Manuel M.

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