fin de semana junto a Isabel he estado donde mis genes sienten como  al traspasar la línea que marca el comienzo de Extremadura dejando la provincia de Toledo a tras, generan mas endorfinas de lo normal, dicen que son llamadas las hormonas de la felicidad o la alegría.¡Mis favoritas!, porque son las que permiten a las personas disfrutar de la vida, y yo este fin de semana además de comer sólido creo  que he engordado con tantas endorfinas como mi cuerpo ha generado y guardado para el resto del año.

Era jueves por la tarde, cuando cruzamos esa “línea” imaginaria donde la Extrema y dura  se abría a nuestros ojos, ya en el horizonte el sol se despedía tibio y perezosamente con mil colores rojos, amarillos, violetas, anaranjados tras el velo de nubes como escenario con cortinas rojas y velos de oscuridad, casi como una invitación de bienvenida. Por encima de nosotros no muy altas, un espectacular bando de cigüeñas parecían estar buscando también un lugar para pasar la noche en su largo viaje a otras tierras mas calidas, se que son cigüeñas por que se distinguen por tener el cuello largo, cola corta y alas negras con mancha ... en pleno viaje migratorio. Los de esta vendita tierra si sabémos de algún “pájaro” es de cigüeñas, por que no hay campanario el que no tenga un nido de este símbolo de la Extrema y dura.

Ya era noche cerrada cuando dejamos atrás los túneles de Miravete y el viaducto sobre el río Tajo, llevo tiempo con la ventanilla bajada y siento el frío limpio y suave de la sierra de Miravete en la cara.

 Recuerdo la antigua carretera llena de vida, ahora en desuso, con mil "chiringuitos", de pequeños bares de todo tipo y de la pesadilla de cualquier conductor que cojiera un camión en la subida a Miravete!, recuerdo a mi padre que siempre se paraba en el bar de bajada, ¡¡cuantos recuerdos de mil viajes al pueblo¡¡, incluso con un Seat seiscientos, los cuatro de la familia, las maletas ….y dos “pilistras”,las dos sobreviven, una la tengo en casa cuarenta y cinco años después, verde como cuando se vino con nosotros, siempre recordándome mis orígenes y el verde extremeño .

Sin darnos cuenta llegamos a Trujillo y nos fuimos directo a la plaza principal rodeada por soportales en gran parte de ella, nos recibió con porte altivo y aires de mando Francisco Pizarro en el pedestal anclado a la historia en una plaza que si de día es volver años a tras, de noche parece que el tiempo se paro en la línea del sentimiento como esculpido en el papel de vidas de entonces, cuantas historias de conquistas en tierras lejanas, cuantas batallas no se habrán planeado entre sus calles, iglesias, castillos, palacios y esculturas en un entorno de casonas señoriales erigidas por las grandes familias de propietarios y terratenientes de otras épocas que siguen  enseñándonos la historia que nunca debemos olvidar.

El trayecto hasta Alcollarin, mi pueblo, se hizo tranquilo Isabel, me miraba fijamente con ojos de búho, su aliento se escuchaba en un enorme silencio, mientras yo le contaba mil historias de otros tantos viajes pasados, mientras, las luces del pueblo ya se divisaban desde “la cuesta de las minas”, estamos en casa.

El viernes nos levantamos temprano lo primero que hice fue salir al patio de casa para sentir el frío de la mañana, el aire puro, y el cantar de los “gurriatos” tenía que enseñar a Isabel de lo que tanto le he hablado…mi tierra.

La mañana era fría, y en el manto verde de paisajes difíciles de igualar camino de Miajadas en las dehesas se apreciaba el rocío de la mañana y el manto verde si cabe mas acentuado hacía un precioso contraste con las encinas de un verde oscuro, (no se si sabréis pero la encina era el árbol sagrado, dedicado a Júpiter por los romanos), desde valles a solanas encontramos, olivos, alcornoques, ... los regatos con su agua cristalina y perezosa corrían ladera abajo serpenteantes entre matorrales y extensiones de pringosa jara, brezos, retamas y tomillos y por encima de nosotros sobrevolaba algún “Mica” buscando su desayuno.

Ya en Miajadas el vinillo para mi padre estaba en el zurrón del coche y nosotros volviendo sobre nuestros pasos para ir a Guadalupe.

Pasando Zorita  vimos como la neblina abrazando al aire teñía como almas blancas la sierra de Guadalupe, las dehesas que anteriormente vimos se quedan pequeñas ante la majestuosidad de estas que parecen no tener fin mas haya de entre los confines de la blanca  niebla, sus habitantes… las ovejas, las cabras, las joyas de las bellotas, los “guarrinos” de pata negra por doquier, y el sosiego que ofrece este paraíso verde enclavado en un punto privilegiado y de belleza incomparable, donde la paz extremeña es la protagonista en la comarca de las Villuercas Ibores y Jara.

Pasamos por Logrosan y Cañamero (aquí ahí buen vino de pitarra dice mi papi) y pasado unos kilómetros vemos a lo lejos Guadalupe, Patrimonio de la humanidad

 Su historia se remonta a 1389, cuando el rey Juan I de Castillotorgó un privilegio por el cual entregaba a la Orden de San Jeronimo la iglesia del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, lugar en el que, según la leyenda, había sido hallada una imagen de la Virgen a finales del siglo XIII. Decidimos ir por la carretera antigua y pasamos por debajo del majestuoso puente donde ¡¡creo¡¡ nunca paso el ferrocarril, ya en la plaza Isabel miraba entre  atónita, perpleja he ilusionada tanta belleza a su alrededor, el monasterio desde cerca es mas impresionante si cabe, en todos mis viajes a esta mi tierra es un lugar de peregrinación obligado.

Decidimos entrar en la visita guiada por su interior (yo la hice hace años), si lo visitáis no dejéis de hacerlo, veréis un autentico tesoro de los de verdad, empezando por el claustro mudéjar, el patio con sus naranjos y, en el centro, un extraordinario templete en su interior cuadros de Goya, el Greco, Zurbaran,  libros gigantes hechos con piel de carnero por los monjes, llamados libros miniados, vitolas que son verdaderas obras de arte, pero yo me quedaría con el camarín de la virgen, ¡¡ICREIBLE¡¡, la ves de cerca y se me pone la carne de gallina cada vez que lo hago, es morena, muy morena, con ojos tristes, pero irradia una paz infinita.

Luego al salir paseamos por callejuelas empedradas, sus balcones de madera y hierro forjado por manos expertas en fraguas a base de carbón y mucha maña, sus edificios entramados, encajados entre sí, con plazuelas que nos devuelven a tiempos lejanos en el recuerdo con sus rincones de escasa luz y bondades infinitas, en la plaza, la fuente de los Tres Chorros.

No nos fuimos de Guadalupe sin antes tomarnos unas tapitas de queso y jamón del bueno, eso para mi papi seria un verdadero sacrilegio, el las hubiese regado con un buen vino, nosotros con unas cañitas que tampoco esta mal.

Desandamos lo andado y en Zorita tomamos el cruce hacia la derecha, comimos en Trujillo, en la plaza principal en uno de sus soportales esta el mejor sitio para hacer este trabajo, La Troya, si en alguna ocasión tenéis la oportunidad no dejéis escapar este culto y gusto al cuerpo, no os olvidareis de la cantidad de comida con calidad exquisita que os ponen, …una maldad… Isabel se quiso hacer la fuerte y pidió unas migas extremeñas, de primero, ella se creía que la cantidad era para  un regimiento, por su puesto se dejo mas que tenia el plato, del segundo plato ya no os lo cuento jejeje, ¡¡ah¡¡ pedir hora por que siempre hay colas nosotros empezamos a comer a las 16´30, ya estaba oscureciendo cuando salimos, pero con  una alegría en el cuerpo que no os quiero contar.

Ya en Alcollarin nos dimos una vuelta por la nueva presa que se esta construyendo muy cerca del pueblo, ¡¡casi tan cerca¡¡ que parece una puerta al despropósito, a las reglas del urbanismo, a la del sentido común, pero sobretodo a las de la naturaleza, ¡¡Por Dios¡¡, no digo que no sea a largo plazo un bien para el pueblo, no quiero que esto se sienta como una critica a algo que no se, pero sobretodo a los que vamos muy de cuando en cuando a NUESTRO pueblo nos ha roto nuestros recuerdos, nuestras vivencias de antaño, nuestras ilusiones de niños, nuestros baños en la presa en “pelote”, “las pasaeras” ya no tenían el encanto de los juncos cerca y por detrás de la presa la cerca del tío peloto, el cerrón, la gargantilla, no volverán a respirar, a ser, a dejarse sentir como antaño, la dehesa de la boticaria solo será un charco de agua, ¡¡grande¡¡ pero al fin y al cabo un charco.  Se fueron tantos recuerdos con esos olivos arrancados, con esas “calles” hechas de piedras de pizarra lisa, las chumberas ya no estaban, solo queda un muro frío que no deja ver nada de lo que hay detrás, con esta obra se enterraron tantos y tantos recuerdos, tantas historias, tantos años, con ella se entierra una parte de Alcollarin.

Otra cosa que no me sentí a gusto en este viaje fue el ver el chaparro de mi tío Prudencio encerrado en una jaula en sierra amiga, en plena libertad, seguro que alguna poderosa razón hay, pero me gustaría hablar con el chaparro sentado a su vera en su soledad cerrada, me gustaría preguntarle como siente que sus ramas ya no sean libres al viento, que su aire tenga que entrar entre rejas de hierro, que le dirán los pájaros desde su piar de otras ramas, y que soñara cuando en su sombra ninguna liebre errante de la serranía pueda cobijarse del sol plomizo de Agosto, que ningún zorro pueda marcar su territorio o rascar el lomo en su tronco, que solo se tiene que sentir el chaparro amigo en la libertad de la sierra, sin que ninguna roja amapola se alce junto a el, desde su cárcel de libertad como me explicaría el llover de otoño, o  las luces del pueblo con la escarcha de la madrugada, no me gustaría ver llorar al chaparro amigo en su jaula en plena sierra de libertad.

El sábado era el día estrella del viaje, la V concentración de clásicos de Alcollarin.

Me levanté temprano, todavía era de noche y no se escuchaba ni un “vivo” me duche y ya con las primeras luces de la mañana y el trinar de los “gurriatos” salí para dar una vuelta por el pueblo y hacer unas fotos, a cada paso que daba por sus calles parecía que oía mis años por aquí, me recorrió un fuerte sentimiento cuando vi la casa de mis abuelos donde yo nací, parecía que veía a mi abuela Demetria sentada a la puerta “atusandose”  su larga melena negra, para después hacerse su moño, mire intuitivamente hacia el portal, pero estaba cerrado no saldría nadie, bese la puerta y creo que mis ojos se empañaron, fue un beso a mi familia, a mis ancestros, a tanto amor como me dieron, pase la mano por sus paredes de piedra y cal blanca y sentí sus caricias en mi, y pensé, el secreto de la felicidad se encuentra en los genes, no quise mirar para atrás, seguí y vi la casa del cura, la de mi tía francisca, el ayuntamiento y en la plaza ya estaba Paquito montando el escenario para la fiesta y entrega de regalos, me pasee por la cruz del río, y hasta la era fui y el campo de futbol que en ella se encuentra su césped estaba mas verde que en el Bernabeu, también vi la charca hasta arriba de agua, y de allí a casita para recoger a Isabel y bajar al parque de al lado de casa para exponer la vespa y acreditarnos, aunque aquí nos conocemos todos.

La concentración todo un éxito, el trabajo bien hecho se nota cuando se hace con cariño, nos tomamos los churros con cafetito para entrar en calor, y los saludos con mis amigos los vespremeños, mis paisanos, los conocidos del pueblo, con Isidro que fue la alegría del día, hacia tantos años que no nos veíamos que resulto toda una sorpresa, y lo prometido a el es una deuda que cumpliré pronto te lo aseguro, (ya os lo contare en otra ocasión)  muchas fotografías y sobre las once Paco dio la salida como si de una procesión se tratara hasta Conquista de la Sierra, donde nos darían un aperitivo, Isabel y yo tuvimos tiempo para dar una pequeña vuelta al pueblo y hacernos unas fotos en la casa donde nació  Francisco Pizarro aunque el dicho popular dice que nació en Trujillo, una pena que este palacio este prácticamente en ruinas, por que es una maravilla.

Volvimos justo para ir de nuevo al pueblo y comernos esas ya famosas migas con chorizo, torreznos  y un buen vinillo, disfrutar viendo como a las 3 de la tarde se puede bailar un pasodoble con la gracia de un artista a ritmo de un organillo y artista que cantaba como si de una orquesta se tratara, el reconocimiento al mas lejano se lo llevo mi primo que vino desde Barcelona con un coche negro increíble, lo siento no se la marca, pero te lo merecías.

Nosotros teníamos que volver, la vuelta fue tranquila y con mas recuerdos en nuestros zurrones.

 De mi visita a la Extrema y dura me quedo con los aromas agradables de la vida en forma de recuerdos, dicen que  los olores causan un efecto en nuestro inconsciente, en el estado de ánimo y en los recuerdos, por eso yo empecé este relato con una letra de canción y con ella término…

Dime de qué tierra vengo.
Dímelo tú, buen amigo.
Dime de qué tierra vengo,
yo si quieres te lo digo,
yo si quieres te lo digo...

 

En casa sin novedad.

Ser felices

 

Manuel M.(MAMU_56)

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