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Belle Epoque

 El sábado pasado quisimos retroceder  años a los muchos que ya algunos tenemos, y como si en el túnel del tiempo nos hubiésemos sentado aparecimos por arte de birli-birloque en el Benicassin de los años veinte con nuestras monturas de tiempos pasados.

La imaginación quiso que el sol, el mar y el olor a añejo de los años pasados fueran guardados como el vino se guarda en barrica por años, de esta forma se hacen sentir sus Villas en el paseo Pilar Coloma, donde cada una de sus paredes esconden historias y leyendas, mas haya de la imaginación.

Seguramente en cada rincón de cada una de ellas se podrían  expresar pensamientos, sueños y deseos ocultos. Fue en estas villas seguramente donde los placeres de la vida mundana de esta zona del Mediterráneo  se encontraron en reuniones secretas aya por los años veinte, en jardín secreto de amores furtivos, en miradas como arañazos al tiempo del olimpo donde nunca fue nada mejor.

La cultura y las artes seguramente también encontraron formas de expresión entre sus luces y sombras, lo bueno y lo malo, lo obvio y lo oculto, y los artesanos con sus cinceles y argamasas esculpían sus muros como templos sagrados que cincelaban con mazos para inscribir escenas diseñadas para promover las imágenes del adinerado “señorito”.

Mientras, por la avenida paseaban bicicletas entre el mercadillo de la semana, y algún militar sentado a la sombra de sus palmeras observando a la guapa sirvienta desde el murmullo de una orquesta que a lo lejos una canción de amor sonaba.

El olor del alfarero junto al del alpargatero, tejiendo sus zapatos de cuerda sobresalía sobre el olor a jabón y agua de río de las guapas Bolilleras  que entre cuchicheos y risitas de adolescentes soñadoras tejían sus mundos del mañana.

Y nosotros con nuestras motos de ensueño y locuras, éramos parte de ese túnel viajando inmutables al paso de la Belle Epoque.

Manuel M. (MAMU_56)

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