sensaciones de bienestar queriendo descubrir nuevos mundos inquietos y emprender retos de vida, ilusiones en el nuevo día que envuelve los primeros kilómetros, me encuentro relajado y la madrileña estira y noto que se siente bien, empezamos a bajar y subir las primeras estribaciones camino a Castellón la carretera sin un coche parece un pasillo de fantasías con el ruido de mi Madrileña, noto el aliento de la mañana como entra por cada poro de mi piel alojándolo como un beso al infinito, pienso por un momento que me gustaría cerrar los ojos y tan solo sentir la sensación de ese aliento matinal y el ruido de mi madrileña al unísono, pero eso es arduo difícil, ella (la madrileña) no tiene piloto automático, aunque confieso que lo intente durante dos segundos que me parecieron gloria bendita.

 

Ya en el punto de encuentro, la Farola, como siempre que salimos con el  Moto Club Clásica Castellón, los saludos, las primeras preguntas sobre el recorrido, el reparto del itinerario, y como por arte de magia estamos camino de  Onda, (la puerta natural de entrada a la Sierra de Espadán desde la costa),Artesa y Fuentes de Ayodar donde seria el almuerzo genial como siempre fue en un paraje llamado La Fuente Larga, de aguas subterráneas que emanan a temperatura constante durante todo el año, paraje natural en plena naturaleza, y aquí quiero dar una mención especial al encargado de la intendencia que cada día hace mejor los bocadillos, el amigo Manolo un ¡¡bravo por el¡¡, por que estaban riquísimos, ¡¡eso si¡¡, siempre hacia alguno de mas por si  algún cuerpo de Dios se quedaba con mas ganas de hacer trabajar los dientes, y este sábado no pudo ser, que se le va ha hacer, esta visto que llego la crisis también a este grupo.

De nuevo en marcha y hacemos un pequeño bucle y volvemos por lo ya andado, Artesa, pero esta vez camino A Ribesalbes, pueblecito que se ubica en una ladera de montaña deslizándose hacia el cauce del río Mijares, se ven grandes extensiones de bosque con pinos y encinas algo característico en esta comarca de la Plana Baja, y pasamos Alcora, Les Useres  y la primera parada para repostar.

Aquí causaría baja la primera moto del día, y es que en estas motos de antes de los años 70 la falta de electrónica se nota, por que los platinos o el condensador dijeron ¡¡basta¡¡, por su puesto las bromas y el cachondeito de rigor cuando pasan estas cosas en una norma casi general, por eso nadie se enfada y nos lo tomamos con deportividad, así que la moto al carro y su conductor al coche escoba.

A partir de aquí el camino empieza a mirar el cielo a hacerse notar, a partir de aquí empieza la "romería", las carreteras del antes y nada que ver con lo vivido hasta ahora. Hacia tanto tiempo que necesitaba estas vibraciones mi cuerpo, que hasta mi ser parece  encontrar un hueco de orilla libre en río de vida de carretera amiga.

Y dejamos a nuestra derecha con su majestuosa historia milenaria a la carrasca de Culla, ella parecía saludarnos con sus ramas al viento del Alto Maestrazgo, su murmullo al viento y sus ramas parece el mismo que antaño, donde los lugareños con carros tirados por mulas tenían su descanso al cobijo de sus ramas amigas como brazos de mujer amada.

Y bajamos hasta Benasal con un relieve complicado y suaves pliegues tajados por ríos y barrancos, y en Villafranca tenemos el segundo reportaje, ya llevamos alrededor de 200 kilómetros de antiguas carreteras y desde aquí  la intención era ir por Ares hasta Cati, pero ya se acercaba la hora de la comida y tuvimos que acortar, ahora creo recordar que bajamos hasta Benasal y de ahí a Cati (tampoco lo juraría) por que en esos momentos estaba disfrutando de paisajes de otros tiempos y dejándome llevar por momentos… creo estaba soñando, por que lo que si tengo claro es que sigo viviendo con ilusión mi pasión por y con la vespa con los cinco sentidos que hacen que siga disfrutando del camino con perseverancia, disfruto del olfato, dejándome llevar por sus aromas tan distintos circulando cerca del lecho de un río o en la cima de una montaña, o simplemente con el olor a la mezcla de gasolina y aceite de la moto que me precede, a mí los aromas naturales encima de la vespa me dan una seguridad añadida y rara a la vez.

Como el oído percibe los sonidos, siempre atento a los matices de mil vientos diferentes, y me dejo llevar por la melodía del tuvo de escape, por los sonidos de tanto ruidito como oigo en el traqueteo del ir  lento o rápido y es como un adagio de melodía interpretada por una orquesta llamada vespa, pero también el sonido puede ser  afectuoso, andante, moderado, alegre, vivo, de color, cariñoso, sincero cuando lo recibes sobre una Vespa

Por eso permanezco en silencio en mi posición de piloto, solo, con el sonido de las soledades y escuchando cada uno de ellos, intentando degustar el sabor de las cosas, y yo saboreo a cada metro recorrido y cada visita a majestuosos lugares inolvidables como un manjar servido con paisajes que me acompañan en ocasiones hasta las mismísimas puertas del cielo, por eso saboreo cada metro alcanzado, cada curva, cada subida, cada zic zas de la carretera.

Y es a partir de la punta de mis dedos por donde es posible tener el tacto necesario para  notar el deseo de hacer lo que estoy haciendo, es como si desnudara con ternura mis sentidos al ir aferrado a algo que siento y me aferro desde el universo del yo, que acaricio y siento su tacto y ella, la vespa, se deja ir como amante amiga como mujer, como barquera de estanques de felicidades al atardecer, loca de atar, mi amante amiga y la miro con vista, como luz tenue de aquel candil de mi niñez (que lejos esta) que alumbre mi camino, y mis ojos como maletas al infinito quieren guardar cada paisaje, cada nube, cada recoveco del camino amigo, del camino andado y desandado mil pares de veces, y a lo lejos de montañas que se elevan a cielos y se abren por encima de ellas, y como esculpido a base de cincel y martillo un angosto túnel,  oscuro, solitario y frío, parece tener incorporada una tristeza intrínseca, pero no por ello menos hermoso al adentrarte en el, y sin darme apenas cuenta nos encontramos en el Balneari de L´avellá de Cati, construido a Principios del s. XVI, que gira entorno a la fuente que lleva al mismo nombre del manantial, que ya era conocido por los árabes, brota un agua cristalina y pura, que dicen posee propiedades curativas para la piel y el riñón, al otro lado un oasis de paz y tranquilidad y en el una Ermita preciosa para el recogimiento y la paz espiritual.

Pero lo que nosotros queríamos era nuestra paz de estomago que ya clamaba al cielo y a las ricas viandas que comeríamos en lugar digno de paz, también aquí quiero felicitar al encargado del descubrimiento de dicho sitio (no lo conocía yo), la comida abundante  y buenísima. Desde aquí ya era la vuelta para casa, aunque aun quedaban algunos kilómetros y con el estomago lleno y sin un ratito de siesta parecía que tardaríamos mas ponernos en situación, por que algunos fuimos a lavarnos la cara en esa  agua fría y curativa que salía de la fuente, otros apenas cerraron los ojos recostados a la sombra de cualquier árbol. A la voz de marcha como pelotón disciplinado donde los haya salimos todos desperezándonos un poquito pero con la ilusión de volver a ilusionarnos con los paisajes que nos quedaban por ver hasta estar de nuevo en casa, Tirig, Les Coves, antes otra de las moto dijo ¡¡basta¡¡, pero eso solo son anécdotas en un día feliz de motos antiguas, de sensaciones, de buenas comidas, de camaradería, de personas, de amigos  unidos por una misma afición que nos hace felices, LA MOTO.

Espero haber encontrado las letras justas para que vosotros mis amigos, hayáis visto y disfrutado como yo desde vuestra butaca lo vivido y sentido a lo largo  de estos 264 kilómetros de un sábado de Julio a lomos de mi Vespa, la Madrileña.

En casa sin novedad

Ser felices.

Manuel M. (MAMU_56)

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