En pijama me dirijo al garaje (lo tengo en casa), miro las vespas y me recorre una sensación como cuando me miras y se detiene el tiempo.

Entro a dar de comer a la tortuga y me sonríe, ¡¡juro que me sonríe¡¡, y vuelvo a ver las vespas, y desde ese momento se que hoy será especial, espero a Isabelita a que se despierte y una vez con el Cola Cao en el cuerpo ya no hay mas que esperar.

El día es perfecto, precioso, limpio y cuando aspiras entra el fresco aire de la mañana en energía liberada como huracán en los pulmones.

Salimos de San Juan de Moro y en apenas tres minutos estamos en plena montaña  con la Sierra de Portell y el Monte Mollet arropándonos con su vegetación de otoño y sus  caricias al sentir el olor a monte verde, a tomillo recién mojado con el agua de días anteriores, la vespita va “cómoda” por este camino de tierra al lado de la cantera yo diría que mas que Isabel un poco desconfiada de los baches y la tierra mojada que en ocasiones   se presenta delante de nosotros y donde  el Tozal del Mollet paraje natural del termino, para ella es como una isla en medio del océano.

Paramos para recoger algunos espárragos y hacer fotos en un paraje donde la tranquilidad y la luz que entra entre su vegetación parece el efecto al entrar es un espacio mágico, lleno de contrastes de luz, de vegetación y de magia, se produce un efecto que tiñe el entorno de mil gamas de verdes y ocres que llenan de belleza como un “capricho” el Tozal del Mollet.

Continuamos la ruta que transcurre por tramos de carretera semi asfaltada, cogemos una bifurcación hacia la derecha donde las pistas forestales y buenos tramos de sendas con piedras y cubierta de vegetación son la maravilla de la ruta y llegamos al mirador del camino de la sierra donde a vista de pájaro se puede ver como se alza majestuoso entre montañas  el macizo de peñagolosa y varios pueblos del valle, si el aire que se respiraba por la mañana era increíblemente limpio, a esta altura el aire es todo vida.

Hacemos el camino de regreso hasta la bifurcación de antes y ahora cogemos hacia la izquierda, donde las pistas forestales y los tramos “asfaltados” se combinaban como por arte de magia y llegamos a la Ermita de San Vicent en el extremo norte del término, es un edificio moderno y de líneas funcionales, muy lejos de lo que conocemos como una ermita de montaña, a mi particularmente no me gusta por que creo que no se adapta su modelo al entorno el aspecto es de un chalet o refugio de montaña

Continuamos y la vespa parece que esta hecha para ir por estos caminos serpenteantes, oscilantes, repleto de matices, de recovecos, de curvas, de valles superpuestos, pasamos cerca del Mas de Paneret y volvemos a parar en el Pou de Mollet, el cual tiene un pozal con cuerda para sacar agua, este pozo lo conozco hace años de mis muchas salidas con la moto de campo, casi siempre estaba cerrado pero hoy estaba abierto.

Seguimos por los mismos caminos tortuosos y a la vez increíblemente bonitos de la sierra de Moró, en la comarca de la Plana Alta, ya en los caminos y sendas del termino de Borriol, se ve el otro lado del valle con paisajes de campos de secano con olivos y algarrobos y mas a lo lejos la Autovía de La Plana/CV-10, nosotros cogemos la vía de servicio de esta Autovia, hasta la Pobla de Tornesa, luego a comer a Cabanes y de ahí a dormir la siesta a casita, son las 17 horas cuando entramos la vespa en el garaje de San Juan de Moro, ya se notaba el fresco de la tarde, son los primeros días de noviembre, cuando el fresco comienza a anunciar la tarde y el sol se notaba más tenue porque desaparecerá más temprano, pero nosotros seguimos con el pensamiento en la vuelta mágica por montañas…

Comienza la caída del sol a su reposo, y veo como los árboles  cobijan y alargan sus ramas para proteger los últimos pajarillos del entorno…es un día de todos los santos

Ser felices

Manuel M.  (MAMU_56)

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