Antes de lo anterior, se habían dado los reencuentros de los pilotos “repetidores”, las presentaciones de los nuevos participantes, de los miembros de organización… en una jornada en la que se les realizaron a las motos los últimos ajustes, montaje de GPS, Tripy, adhesivos, etc.

El buen resultado de la primera edición había surtido efecto, y de las 11 Vespa que se dieron cita entonces, habíamos pasado a 27, contando de nuevo con cuatro pilotos franceses y hasta con cuatro pilotos brasileños, que afrontaban la aventura con una enorme ilusión. Y no era para menos, pues 3 continentes les verían pasar en su particular peregrinaje.

 

 

 

Con todos los participantes y sus motos listas, la caravana se dirigió al Puerto de Almería donde cogeríamos un ferry que, nos llevaría cómodamente durmiendo en camarote hasta Melilla. Una vez allí nos dirigimos a la frontera, donde tras las dos horas largas “de rigor”, conseguimos superar todos los trámites y, por fin, nos encontramos en tierras marroquíes.

Tras una parada “técnica” de reagrupamiento y formación de grupos de viaje, todo el mundo empezó esta primera jornada de enlace que nos llevaría hasta las instalaciones del Hotel Chergui, centro neurálgico del raid durante toda su duración y oasis donde cada día, los participantes podían descansar en las mejores instalaciones posibles. Esta fue otra de las diferencias respecto al año pasado, en que nada más cruzar la frontera se inició la primera etapa, recorriendo una parte del Plateau de Rekkam y sometiendo a monturas y pilotos, a un esfuerzo que a la postre se mostró como innecesario. Se decidió suspender la vuelta para traer las motos en camión y a los pilotos por carretera, solución que fue del agrado de todos y que en esta segunda edición se ha adoptado definitivamente.

Antes de llegar al Chergui, la población de Outat el Haj vio parar a la caravana para dar buena cuenta de los bocadillos de jamón “granaíno” que Juanmi había preparado tanto para los participantes como para el resto de miembros de organización. Ya de noche, el bajar las motos del camión y terminar de darles los últimos retoques de cara a la primera etapa terminó de ocupar el tiempo de esta primera jornada en Marruecos.

Primera etapa “La Momia”

Tras la foto oficial de cada uno de los pilotos junto a la línea de salida, se daba el pistoletazo a la primera etapa que habría de llevar a los pilotos a enfrentarse a 120Km de pistas de todo tipo. Les llevaría a recorrer algunos de los lugares más pintorescos de la zona, como es el caso de la zona de los monumentos, construcciones que el artista y arquitecto alemán Hannsjorg Voth construyó en 2003 al oeste de Erfoud. Reciben los nombres de Espiral Dorada, la Escalera del Cielo y la Ciudad de Orión, una zona que hay que conocer y que encantó a todos los participantes.

Tras esta primera zona y pasar por el control de paso donde deberían detenerse media hora, realizarían la segunda parte del recorrido. Siempre en dirección sur, les llevaría hasta la Gara Medouar, un monte aislado en forma de U en el que se han rodado imágenes de diversas películas, lo que ha llevado a que muchos conozcan este lugar como “La Momia” por aquel film.

La Gara Medouar también es conocida como “la cárcel portuguesa”. Nunca ha sido ni cárcel, ni portuguesa, ni marroquí, ni nada de nada. El sobrenombre le puede venir de que el lugar fue aprovechado como acuífero natural por los habitantes de la zona, que mandaron construir un muro de seis metros de alto, realizado en el siglo XIX por los esclavos subsaharianos que posteriormente se vendían a Portugal. Como pasaban largos periodos de tiempo picando piedra y, evidentemente, no creo que por las noches les dejasen irse a tomar unas copas a la cercana Rissani, es posible que el nombre venga de aquello. 

En cualquier caso, el paraje es excepcional y tras subir por la estrecha pista que nos lleva hasta lo alto del pico, nos encontramos con un mirador natural cuyas vistas son espectaculares. También es fácil ver en sus paredes y piso trilobites y anmmonites, fósiles que, al echarles un poco de agua, intensifican su imagen y se ven realmente bien.

En lo deportivo, la etapa fue más dura en opinión de los pilotos. produciéndose averías y pinchazos desde los primeros momentos de la etapa, lo que llevaría a que ocho de ellos no la pudieran concluir.

Finalmente y tras más de cinco horas de trabajo a la búsqueda de los 20 WP que había que fotografiar, Enrique Vera, tercer clasificado en la clasificación general del año pasado en la que ya dejó muestras de su buen hacer, se hacía con la victoria de esta primera etapa, empatando eso sí, con Toni Iannone, también participante en la pasada edición. Si bien el año pasado, fue víctima de todo tipo de problemas debido a una moto muy preparada, pero poco apta para el desierto, en el que lo principal es la fiabilidad. Stephan Leone, también piloto francés se haría con la tercera posición. Destacable fue el papel realizado por Sara García en esta primera etapa, que a pesar de tener problemas con las fotos de algunos WP que no se le dieron por buenas, se hizo con una estupenda sexta plaza.

Segunda y tercera etapa “De la lápida Citroën, a las sombras de la noche”

120 kilómetros de recorrido y catorce waypoints a través de pistas rocosas, pero sobre todo pasos de arena, fueron los encargados de ponérselo difícil a los participantes durante el transcurso de esta segunda jornada, que nos trasladaría hasta el Café Du Sud, al menos hasta que llegó la noche, en la que se realizaría una etapa nocturna, otra importante novedad en esta edición.

Comenzaban la jornada en busca del primer waypoint, ubicado en uno de esos puntos míticos del sur de Marruecos, la lápida Citroën, sobre la cual, y como ocurre con la Gara Medouar, también circulan un buen puñado de historias a cada cual más impresionante. La más habitual de oír es la que cuenta que está dedicada a algún piloto del Dakar (e incluso a algún mecánico), que falleció en aquel punto durante una etapa. Otra diferente, dice lo mismo pero de alguno de los participantes del Crucero Negro (octubre de 1924 a junio de 1925), el segundo de los “cruceros” Citroën y que recorrió los casi 4000 kilómetros que separaban Toougourt al sur de Argel hasta Tombuctú en el norte de Mali.

Sin embargo, la lápida es mucho más antigua que el Rally Paris-Dakar (aunque por allí si que pasase la carrera), y más moderna que el Crucero Negro, que además, y como he comentado, no pasó por allí.

Su verdadero origen está en recordar el sitio donde un representante del concesionario oficial Citroën “Garaje-France Auto”, de Casablanca, fue asesinado durante una emboscada que le tendieron en su camino. La verdad es que el lugar se da para ello, al ser un estrecho paso en forma de rambla en el que los maleantes cavaron una zanja para obligarle a detenerse. Tras ello, prendieron fuego al coche. Para saber cuando sucedió, solo hay que fijarse bien en la desgastada inscripción de la lápida, que dice así: "BOUCHE Marius-Louis 1898-1933 Ses amis et les établissements CITROËN. Como dato añadido, concretar que el asesinato se perpetró en el mes de julio.

Pero siguiendo con la etapa, según avanzaba la jornada, las averías comenzaban a hacer acto de presencia y las pérdidas y despistes ponían ese punto de emoción que ha de tener cualquier Raid, complicando la etapa por momentos. El esfuerzo al que se veían sometidos comenzaba a pasar factura y algunos pilotos entraban fuera de tiempo, extenuados tras una dura jornada… que aún no había terminado.

Esta segunda etapa terminaría con un nuevo triunfo de Enrique Vera, seguido de José Horjales, vencedor de la I Edición del Vespa Raid Maroc y de Raúl Franco. Tras ellos, Sara García se alzaba con la cuarta posición afianzando sus opciones.

Tan solo 16 pilotos tomarían la salida en el sector nocturno, las averías y el cansancio impidieron que los demás lo hicieran, y de nuevo Enrique Vera alcanzaba el triunfo de esta etapa, seguido como en la diurna por José Horjales y de una Sara García a la que ya nadie miraba como favorita en la categoría féminas, sino como una clara rival de cara a las posiciones de honor en la general.

Cuarta etapa “Las pistas del Dakar”

Tras salir del Café Du Sud, todos los pilotos realizaron el enlace hasta la gasolinera de Merzouga, donde se realizaría la salida de la cuarta etapa, en la que los pilotos supervivientes partirían dirección sur para bordear las dunas del Erg Chebbi tras pasar Khemliya, pasando por el antiguo pueblo de Mfis y adentrarse en el paisaje lunar de los montes situados al sureste del Erg.

Quince WP tendrían que localizar mientras circulaban por las pedregosas pistas donde, como el año pasado, los que son capaces de llegar hasta aquí, se llevan de recuerdo la foto saltando en lo alto de un pico con un impresionante paisaje de fondo.

Tras las duras pistas y las montañas que veían pasar el Dakar, los pilotos irían en dirección norte hacia el Erg Chebbi, donde la arena volvería a hacer acto de presencia. Las atascadas, pequeñas caídas y grandes esfuerzos se vieron de nuevo, lo mismo que las muestras de solidaridad de unos pilotos con otros, ayudándose a superar los pasos más difíciles.

Tras bordear todo el Erg Chebbi por su parte este, la etapa concluía con una nueva victoria de Enrique Vera, que se afianzaba en la clasificación, acompañándole, eso sí, con la misma puntuación, Tony Iannone, a la espera del más mínimo fallo del líder, Miguel Marchán y de nuevo, Sara García, de la que ya no cabía duda cuales eran sus intenciones.

Quinta etapa “Emoción entre Ouzina y Ramlia”

Con salida y llegada en Taouz, esta quinta etapa no presentaba grandes problemas a priori, más allá claro está, de las zonas de fesh-fesh y ríos de arena que se ocupaban de que los pilotos no pudiesen bajar la guardia ni un segundo.

Todos tendrían que pasar por Ouzina, punto medio del recorrido, llegar hasta Ramlia y media vuelta de nuevo a Ouzina para cumplir con la media hora de parada obligatoria del Control de Paso.

Sin embargo, ya en los primeros kilómetros del recorrido se produce el primer golpe de efecto, cuando Enrique Vera rompe el manillar de su moto. Sin recambio, la etapa estaba perdida y con ello, muy posiblemente, el liderato del Raid. Enrique no sabía que pocos kilómetros más adelante, su principal rival, Tony Iannone, también estaba detenido intentando solucionar problemas eléctricos en su moto. A la vez, Iñigo Carrasco, otro participante, sufría una caída en la que se dañaba el tobillo, por lo que emprende camino de vuelta en contra dirección, encontrándose con Vera, el coche médico y una Pick Up de organización. Enrique ve el cielo abierto y le pide el manillar de su Vespa a Iñigo, que accede; raudo cambia el manillar y prosigue con mucho tiempo perdido.

Mientras, Iannone ha podido reparar, continúa, pero vuelve a tener problemas, por lo que todos pensamos que la estrategia más lógica, en el caso de que pudiera llegar a Ouzina, sería hacer el control de paso y regresar sin llegar a Ramlia, perdiendo ocho de los WP pero asegurando llegar en hora a la meta.

Entretanto, Sara García iba bordando la etapa y hacía rato que había salido hacia Ramlia desde Ouzina. La sorpresa de todos fue ver como Iannone, aún con la moto fallando, pasa de largo Ouzina para intentar completar el recorrido y lograr todos los WP, las cuentas del tiempo que le quedaba eran muy, muy justas. Al rato, Enrique Vera hace lo mismo y pasa como una exhalación… más emoción imposible. Poco después, vemos ya de regreso, a Sara García que a pesar de ir sobrada de tiempo, llega completamente acelerada; enseguida le comenta a sus asistencias que “se ha dejado sin hacer tres WP por que no le daba tiempo!!!”, estos la corrigen y le dicen que le sobra más de hora y media. ¿Cómo podía ser?. Resulta que Sara, en el briefing de la noche anterior, vencida por el cansancio, no se había enterado bien de cuantas horas había para completar el recorrido, pensando que eran siete en lugar de ocho. Esos WP que se dejó sin hacer le costarían caro a la postre.

Unas dos horas después, vienen de regreso Vera y Iannone, que cada uno a su hora ha de realizar la parada obligatoria de media hora. Enrique cuenta que se ha tenido que dejar sin hacer varios WP para poder llegar a tiempo, algo que no todos teníamos claro que pudiera lograr. Iannone por su parte, ha conseguido todos los WP pero va igual de justo que Vera para poder entrar en hora en la meta.

Finalmente el francés se hacía con la victoria, empatado a puntos con Raúl Franco y José Horjales, que habían bordado la etapa y la habían completado sin problemas. Vera se hacía con la cuarta posición, un éxito al pensar que pocas horas antes estaba con el manillar de su moto rota. Tras ellos, Sara García entraba en meta con mucho tiempo de sobra y tres WP sin hacer… había perdido una oportunidad de oro de darle un vuelco a la clasificación y acechar aún con más fuerza los puestos de honor.

Sexta etapa “de los oasis a la pista militar”

Ciento veinte kilómetros por un terreno que resumía lo que habían sido estos cinco días de competición. Tramos de arena, inmensas hammadas y espectaculares paisajes con final a los pies de las dunas del Erg Chebbi, pasando por preciosos oasis que además de su belleza, ponían el punto de esfuerzo extra para los participantes al tener que vencer sus siempre difíciles pasos arenosos.

Como dificultad añadida, algunos fuera de pista, ya dentro de la zona de la “pista militar”, ponía a prueba la capacidad de orientación de los pilotos, que intentaban en esta, su última oportunidad, mejorar su posición en la clasificación.

Finalmente, José Horjales venció en la última etapa del raid, empatado a puntos con Enrique Vera, Toni Iannone y Sara García. Así las cosas, la victoria final iba a parar a las manos de Enrique Vera con 3150 puntos, sin duda el más consistente de todos los participantes; en segunda posición Tony Iannone, con 3040 y ocupando el tercer escalón del podio Raúl Franco con 2900 puntos. Para darnos cuenta de la igualdad habida, hay que fijarse en los puntos del cuarto clasificado Miguel Marchán con 2880 puntos y del quinto Sara García, con 2870, que además de proclamarse campeona en la categoría de féminas, vemos como acariciaba el podio de la general.

Ya por la noche, durante la entrega de premios y sorteo de regalos, a todos nos venían multitud de anécdotas, de imágenes para el recuerdo de estas Vespas rodando por el desierto marroquí y como han vuelto a demostrar que la aventura amateur, con vehículos económicos y presupuestos limitados, aún es posible.

Disfrutar de África viviendo al cien por cien el espíritu que movía a los primeros participantes del rally Paris-Dakar, con los vehículos de entonces, se puede lograr. El Vespa Raid Maroc lo ha vuelto a demostrar y a fijado con más fuerza que nunca en la mente de todos la frase que lo define: “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”.

La próxima edición ya está en marcha y tu podrías formar parte de ella ¿Te atreves a soñarlo?

Noticia ofrecida por Motos.net

 Miguel A. Fernández

 

FOTOS DE VESPAS POR MARRUECOS

           

                 

              

 

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